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Adrián creció muy apoyado por sus padres. Recuerda que desde era chico, su papá le cocinaba rico. Tan solo tenía 14 años cuando empezó a trabajar en un café llamado Yellow Coffee, porque tenía ganas de aprender a hacer café y le quedaba a una cuadra de su casa.

Estudió administración de empresas gastronómicas en la UVM. Al egresar puso con un amigo un proyecto para operar comedores industriales. Sabe que cobró poco, pero lo que aprendió fue invaluable. 

A los 21 años conoció a Iliana, su actual pareja y con quien lleva más de 10 años. En el 2013 decidieron emprender juntos un lugar cuyo objetivo principal era servir desayunos a base de chilaquiles. Y así, sin más, nace "Chilaquil del Valle", sitio sencillo y compacto, un espacio con estilo campestre

Aquí eliges desde tus totopos, ya sean clásicos o de nopal, hasta alguna de las seis salsas (verde, roja, borracha, pasilla, mole o queso). Puedes escoger entre pollo, bistec, cecina, huevo, milanesa, chorizo o costilla para agregarles como complemento. Terminas por añadirles crema, queso y cebolla.

Te recomendamos unos deliciosos molletones, que se trata de una fusión entre los tradicionales molletes y los chilaquiles, aunque puedes pedirlos en torta, aprovechando las mismas opciones para mezclar.

Para que amarre bien el estómago, nada mejor que el postrecito. Por eso no puedes dejar de probar su pastel de elote, elaborado con receta secreta de la familia. Asimismo ofrecen pan francés, con el pan de Karla de "Saint – Pétit Café et Patisserie", y con su toque personal de polvos mágicos.

Actualmente Chilaquil del Valle duplicó su tamaño por la demanda de sus clientes y tuvieron que ampliarse a un segundo local.

 

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