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En abril de 2019, el músico, cantante y escritor mexicano Armando Vega Gil se quitó la vida tras una denuncia en su contra a través del Me Too Músicos Mexicanos, pero la situación, lejos de sumir en enfado o tristeza a sus compañeros de banda, les dejó valiosas lecciones.

Fue por medio del Twitter del movimiento #MeTooMúsicosMexicanos que se publicó la acusación, en donde se hizo público el testimonio de una mujer que dijo haberlo conocido cuando ella tenía 13 años y él, 50.

Vega Gil publicó a través de las redes sociales la última publicación en su historia: una carta de suicidio después de darse a conocer el caso. La tragedia se consumó horas después. Su cuerpo fue encontrado colgado de un árbol con un alambre, afuera de su domicilio en la colonia Narvarte.

De acuerdo con la psicóloga Zeydi Prado, Armando Vega Gil se encontraba en extrema depresión: “Seguramente tenía muchos episodios de dolor y perdió las ganas de seguir adelante. Al firmar una carta de este tipo, sabía que tenía un trastorno depresivo, por ello pidió que a nadie se culpara de su muerte”.

Problemas familiares que tenía, la muerte de su papá y la salida de Sergio Arau de Botellita de Jerez fueron, de acuerdo con Armando Vega, “golpes durísimos” de los que no se había podido levantar emocionalmente. Dichos eventos lo tenían en un fuerte estado depresivo antes de su muerte.

Su caso puso sobre la mesa los temas del suicidio y la salud mental. Comenzó a hablarse sobre vigilar y monitorear palabras, gestos, conductas y pensamientos de las personas que están en mayor riesgo de tomar la decisión de poner fin a su vida. 

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