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Las Islas Marías han albergado a prisioneros que van desde ladrones, intelectuales y hasta deportistas, con Pancho Valentino como el más famoso de ellos, quien tuvo un récord de detenciones durante la década de los cincuenta en la prisión de Lecumberri: 15 por delitos que iban desde lesiones y violaciones hasta trata de blancas y usurpación de funciones.

El sueño de este luchador era convertirse en torero, pero el destino y su gusto por los golpes lo llevaron a introducirse en la lucha libre, donde encontró una salida a sus problemas, principalmente la pobreza.  Desgraciadamente sus vínculos con la delincuencia le dieron más fama que sus cualidades en el cuadrilátero.

El jueves 10 de enero de 1957, Pancho Valentino y tres cómplices fueron a la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, ubicada en la calle Chiapas número 107 de la colonia Roma. Le dieron carne envenenada a un perro negro que cuidaba la propiedad. Cuando el perro murió entraron al templo. Pancho Valentino, al darse cuenta que fueron descubiertos y que la cantidad del robo no excedía a los 25 pesos, sometió al párroco y lo asesinó aplicándole una llave de lucha libre para que no lo denunciara.

Los cómplices eran Pedro Vallejo, 'el México', a quien Valentino conoció durante su estancia en Lecumberri, y Ricardo Barbosa Ramírez, un novillero venido a menos y autor intelectual del crimen.

El caso acaparó las primeras planas de los periódicos que circulaban en 1957 en el entonces Distrito Federalprincipalmente en La Prensa, cuyas notas remataban con la condena social que implicaba haber matado a un cura para quitarle las limosnas.

Valentino fue capturado en un poblado llamado San Isidro, en Querétaro, mientras intentaba escapar a Reynosa, Tamaulipas, con su pequeño hijo. Se le llevó a juicio y se le encontró culpable, dándosele el mote de 'Matacuras'. 

Después de casi 20 años en prisión, el luchador mexicano murió de un infarto en las Islas Marías en octubre de 1975.  

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