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En el Centro Histórico, para ser precisos, en la calle de Belisario Domínguez, se encuentra ubicado el Convento de la Concepción, una antigua edificación construida en el año de 1540 y que fue el primer convento de la Nueva España.

Se cuenta que hace muchos años una bella y adinerada joven de nombre María Gil se enamoró de un tal Arrutia, quien estaba con ella más que por amor, por interés.

María tenía dos hermanos que sospechaban de Arrutia porque no lo veían muy enamorado, así es que para que se alejara de ella le ofrecieron una fuerte cantidad de dinero y él aceptó. Arrutia se marchó para siempre, sin siquiera despedirse de María; ella cayó en una profunda depresión por el abandono de su gran amor.

Los hermanos, al darse cuenta de la situación que pasaba su hermana, optaron por ingresarla al Convento de la Concepción. Los días pasaron y María cada vez se sentía peor, su desconsuelo llegó a tal punto que una noche tomó una cuerda y decidió colgarse en el árbol de durazno que se encontraba en el centro del jardín del convento, a lado de un pequeño lago.

A la mañana siguiente, las monjas que ahí vivían se percataron de lo acontecido al encontrar el cuerpo inerte de María colgado. La enterraron dentro del mismo recinto.

Como si no hubiera sucedido nada, las monjas continuaron sus labores diarias, hasta que unos días después algunas de ellas se empezaron a percatar que la silueta de María se podía ver reflejada por la noche en el lago.

Al hacerse más constantes estas apariciones, los habitantes del convento decidieron prohibir a las monjas que salieran por las noches, sin embargo, había actividades que en ocasiones se necesitaban hacer, lo que ocasionaba que alguna monja tuviera el infortunio de ver el reflejo de María colgada.

A pesar del tiempo, el recinto continúa con su estructura casi intacta, de hecho, hace algunos años tuvo una importante remodelación. Además, enfrente cuenta con una capilla del siglo XVII. Y dicen que todavía se aparece la silueta de María colgada.

 

 

 

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