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El retorno a semáforo naranja no ha sido positivo para la vida nocturna del Centro Histórico. Por el contrario, exhibe e incrementa el riesgo de más empleos perdidos en próximas semanas, lo que se suma al efecto negativo que generó desempleo desde el inicio de la pandemia hasta la fecha. 

Durante el último año se han cerrado 100 bares y cantinas, incluidos negocios históricos con hasta 150 años de antigüedad, en el Centro Histórico. Esto se debe al cierre de establecimientos durante periodos de semáforo rojo, restricciones de horarios y poco o nulo retorno de clientes.

El semáforo rojo decretado en diciembre fue un duro golpe para el sector debido a que se esperaba un repunte de ventas con motivo de las fechas decembrinas. Eso no sucedió. Y ahora se enfrentan al problema de que la gente tampoco tiene dinero y el consumo se reduce a un 30% de lo que se consumía antes de la pandemia.

En calles como Bolívar, Isabel la Católica, Mesones y Regina, se registra poca actividad después de las 6 de la tarde. Influyen el aforo limitado y el horario de funcionamiento para que bares y cantinas no sean consideradas por la clientela como espacios para disfrutar una bebida. Prefieren hacerlo en un restaurante o en sus hogares.

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