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Mauricio Zubirats, amante de la cultura japonesa desde niño, en particular de las ceremonias de té, estudió en Tokio para poder abrir un lugar como Raku, donde todo es intuitivo, de alta calidad y minimal. Para él, esta cafetería materializó su sueño de hacer el mejor café de la ciudad.

Raku es una cafetería con menos de 10 metros cuadrados que empezó de la forma más básica: con una máquina para hacer café. A partir de ese momento se fue construyendo de manera orgánica hasta ser lo que es ahora, el lugar en donde el espresso perfecto sí existe. Su nombre significa alegría en japonés.

Una de las razones más poderosas de la existencia de este espacio es el té. De hecho, el secreto de Raku radica en que el café es el pretexto para vender té matcha y Hojicha (té verde tostado), que trae cada dos semanas directamente de Kioto de una casa llamada Ippodo, cuya historia es milenaria.

Este lugar solo tiene lo esencial y necesario, nada le sobra ni le falta. Una muy pequeña carta que contiene espresso, latte, café de origen (a veces nacional, otras extranjero), café vietnamita (el más extraño porque tiene leche condensada y evaporada, cold brew tonic y té).

El apartado del munchies es patrocinado por algunas esponjosas piezas de pan. Conchas de pinole de Contramar, y cuernitos y orejas de Pancracia son algunas de las opciones que puedes disfrutar para acompañar tu bebida.

La decoración, selección de café y atención es personal; el único detrás del mostrador es Mauricio Zubirats. El establecimiento está abierto cuando él está en la barra, por eso los horarios son particulares, como lunes a viernes de 8 am a 12:50 y de 2 a 7 pm.

 

 

 

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