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Tras tantos días de incertidumbre, por fin este martes inició la vacunación de adultos mayores contra el Covid-19 en Celaya. La espera fue larga, desesperante, angustiosa. Esto llevó a muchas personas a hacer hasta lo imposible por conseguir una dosis, ya sea para ellos, o para las personas que más aman. 

Con justa razón, el escritor Gabriel García Márquez escribió: “El amor se hace más grande y noble en la calamidad”, en su libro El amor en los tiempos del cólera. 

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Como la historia de Don Seferino Hernández Hurtado, de 75 años de edad, quien llevó a su esposa Galina Uribe Estrada, de 83, a bordo de un triciclo hasta el centro de vacunación en el Auditorio Tresguerras, por la imposibilidad de su mujer de caminar por el mal de Parkinson. 

Al vivir en la colonia Bajío de las Américas, le quedó muy cerca el lugar, por lo que Don Seferino llegó desde la tarde noche del lunes a formarse, para asegurar un turno en el proceso de inmunización. Trasnochó a la intemperie. La pareja con casi 60 años de casados, no tuvo hijos, por lo que no tenía quien los asistiera, de acuerdo a información del periódico Reforma.

El señor ya también sufre algunos problemas auditivos, pero esto no le impide trabajar vendiendo agujetas en el mercado. Y seguir sacando adelante a su querida Galina. A las 10 de la mañana, los dos ya habían recibido la primera dosis de la vacuna de Pfizer. Y su foto juntos (autoría de Richard Caudillo @RicardoBecc), con ella en el triciclo, se replicó en las redes sociales. 

Para unos el final fue feliz, pero para otros, como Patricia Casco, quien es argentina, pero tiene ya 14 años viviendo en Celaya, fue un martirio. Ella llevó a su madre, de 89 años, y que desde hace dos también reside en la ciudad, a buscar el ansiado biológico, sin embargo, los Servidores de la Nación no las querían dejar pasar por no contar con un comprobante de domicilio. 

Con una demora de más de dos horas, logró comprobar que radicaba aquí con su esposo y le dieron una ficha para que su familiar fuera vacunada, según reportó Zona Franca. 

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Mientras que unas fueron más trágicas, como la que quedó grabada en una transmisión de AM, en el Auditorio Tresguerras. En las primeras horas de la mañana fue todo un caos la fila y el orden de los turnos. 

Y entre ellas apareció la historia de María Guadalupe Ortega Sánchez, de una comunidad de Apaseo El Grande. Su sobrino pernoctó de lunes a martes, para tener un lugar en la fila, pero en la mañana, la señora fue rechazada, ya que se daría preferencia a las personas originarias de Celaya. 

“Dijeron que la vacuna era para todos, que no iban a discriminar”, dijo resignada, al saber que no le darían ficha. Por lo que mejor se fue a su casa, con la impaciencia de no saber cuándo le tocará a su municipio. 

Y así, cientos y cientos de guanajuatenses hoy vivieron una montaña rusa de emociones, llanto, alegría y tristeza.

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