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Cuando alguien escucha la palabra “nuclear”, la asocia con las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki o el accidente de Chernóbil en Ucrania, pero no con Guanajuato. Sin embargo, aquí en la entidad hemos estado bajo el riesgo latente de tener un desastre radioactivo, por robos, descuidos, negligencia y hasta mala fortuna. 

Apenas el pasado domingo 7 de febrero, unos delincuentes detuvieron a una camioneta Pick-Up Ford blanca en la carretera Panamericana entre Apaseo el Alto y Salamanca, alrededor de las 23:30 horas. Con violencia, les quitaron un equipo de radiografía industrial, seguramente sin saber que en su interior tenía una fuente radioactiva de Iridio-192. 

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En cuanto se informó el atraco, se encendieron las alarmas. La Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) puso en alerta a las autoridades de siete estados del país: Aguascalientes, Estado de México, Jalisco, Michoacán, Querétaro, San Luis Potosí y Zacatecas. No era cosa menor, este objeto que parece inofensivo, en realidad es de altísimo riesgo. 

¿Cuál es este equipo?
 

  • Equipo de radiografía industrial marca AEA Technology, modelo DELTA 880, número de serie D2766
  • Propiedad de la empresa Desarrollo de Calidad y Control, S.A, DE C.V.
  • Contiene una fuente radioactiva de Iridio-192, con una actividad de 55.04 curíes
  • Pesa aproximadamente 25 kilogramos, 22.9 centímetros de altura, 33.8 centímetros de ancho y 19.1 centímetros de largo. 

 

 

“Si la fuente radioactiva es extraída de su contenedor, es manipulada o se tiene contacto directo con la misma durante unos minutos a horas, puede ocasionar lesiones permanentes. En caso de permanecer en contacto directo con la fuente durante horas o días, sus efectos pueden ser mortales”Protección Civil México, comunicado del 8 de febrero.

Los comunicados tuvieron efecto y el miércoles 10 de febrero, la Secretaría de Seguridad Pública de Guanajuato informó que la fuente radioactiva fue localizada en las inmediaciones del municipio de Salamanca. No queremos ni pensar qué hubiera pasado si los ladrones hacían un mal uso del equipo. 

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No es la primera vez que ocurre, El Universal documentó en la investigación “Radiactividad, sin control” de 2016, las irregularidades de la empresa Mantenimiento Industrial del Centro (MICSA), ubicado en el COPO 36700 de Salamanca. Aquí, guardaban equipos de radiología industrial que actúan con Iridio-192, en la zotehuela de una casa habilitada como taller en plena zona residencial. 

Con todo este peligro, sólo contaban con un símbolo del trébol radiactivo pintado sobre la fachada. Este negocio tomó relevancia cuando uno de sus vehículos transportadores de Iridio-192, fue robado en la ciudad de San Juan del Río, Querétaro. Aunque también por fortuna, no hubo consecuencias. 

En otras conclusiones de este grave problema que encontró El Universal, fueron: 
 

  • Los robos se daban por descuido de las unidades móviles por parte de los técnicos a cargo
  • Un experto señaló que no conocía un servicio de radiología que sea ‘completamente profesional’
  • Los riesgos para la salud pública son grandes
  • De 2013 a 2016, se tenía un promedio de un robo de material radioactivo por trimestre

EL CHERNÓBIL MEXICANO 

El mayor accidente nuclear en América Latina sucedió en Ciudad Juárez, Chihuahua en 1983. Todo por un trabajador de mantenimiento de un hospital que le encargaron una máquina de radioterapia equipada con una bomba de Cobalto-60, pero que lo desmontó para venderlo al fierro viejo sin saber que tenía material radioactivo. 

Los restos de Cobalto-60 llegaron a un deshuesadero y se mezclaron con fierro que se vendió a distintas fundidoras. Miles de toneladas de varilla de construcción quedaron contaminadas y fueron distribuidas por 17 de los 32 estados de México.

Incluso, cuenta la leyenda que en Celaya, el edificio La Torre, ubicado en el Boulevard esquina con Abasolo, se construyó con parte de este material. 

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En esos tiempos, el gobierno tenía un desconocimiento de lo grave del tema, y la investigación que se hizo no cuantificó realmente la magnitud de los daños. Los reportes de la época, sólo evidenciaron cerca de cuatro mil personas que tuvieron algún grado de exposición, lo que pudo causarles vómitos, cansancio, náuseas, marcas visibles en pies o manos, y en algunos casos cáncer. 

Si quieres conocer la historia completa y te gustan los podcast, te recomiendo “COBALTO 60 (CON SLOBOTZKY)” de Leyendas Legendarias, que puedes encontrar en Spotify y en otras plataformas de audio. Aquí dimensionarás el tamaño del desastre que vivió nuestro país. 

Ya pasaron más de 30 años aquella tragedia, y actualmente en Guanajuato seguimos bajo un peligro latente que no queremos ver. 

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